El viejo, el nuevo y el que no se puede ser
Junio 25, 2007 por JonathanNo supe comenzar a describir mi vivencia hasta que empecé a hacerlo. Ya para ese entonces mis recuerdos perecían en un profundo mar de lágrimas y espanto, pero también de esperanzas. Así la humanidad misma me recordaba quién era, en mis recuerdos, y me formaba de alguna manera una coraza que se asemejaba al abrazo más sentido, al cariño tan preciado.
Por eso decidí contarle mi experiencia. Porque es usted, acaso más que yo, un ser humano, un ser, hermano, compañero de presencias y ausente en las falencias. Así uno compara los éxitos con el fracaso, y por contraste (local o visitante) consigue conformarse con deducciones poco reales. Todos mis triunfos son fracasos para el típico ganador. No obstante no pienso bajar los brazos en mi mediocridad. Heme aquí vomitándole mi verdad.
Nunca voy a poder olvidar cuando nos enfrentamos cara a cara con ese estúpido y querido mediocre. “Fíjese lo que hace, que esto lo puede lastimar” me recomendó, sin saber siquiera cómo disfruto del dolor. Soy de los que creen que se debe permitir la libre expresión, hasta que abusan de ella y dicen lo que piensan. Ojo, no confunda mi postura con la de una persona cerrada, ya que estaría catalogándome, estructurándome, y no me gusta que me opriman.
Le respondí con mi típica sonrisa burlona (la cuál es más recordable que mi rostro) “no se haga problema Jaime, que acá tengo todo lo necesario como para defenderme. Además ya me jugué con cosas peores…usted duerma sin frazada”. Juro que casi le digo “Cerrá el culo, mariconazo”, pero me pareció poco ortodoxo, una falta total de respeto.
//Comienzo del relato
Decidí ir al encuentro del gran Ojo crítico, quien me esperaba ansioso hacía mucho tiempo. Realmente la cita eran unas semanas antes pero me gusta dejar esperando a todo aquel que no merezca mi presencia.
Allí me encontré, de pie frente al Ojo. El mismísimo observó mi rostro y no encontró nada allí. Me sentía victorioso, orgulloso de mí mismo y mi actitud, hasta que La Voz relató:
Voz: “Estamos ante el pecador”
//Observo al Ojo fijamente, y recibo la voz desde un costado.
//Sabía que el Oyente se encontraba ahí. Siempre está aunque no lo veas. Era mi abogado de ficción, o más bien, aquel compañero incondicional que te brinda el apoyo del silencio, el apoyo que no defrauda jamás.
JD: “Sistema nervioso central, totalmente colapsado ante la incertidumbre. Permanecer en silencio y simplemente ser sólo me ayuda a mí mismo. Todos sabemos por qué estoy acá, y a nadie le importó que me haya demorado semanas. Esto, sin dudas, me obliga a creer que mi presencia era deseada y tal vez necesaria. También somos inconscientes, y refuten si me equivoco, de mi fugaz permanencia. Tengo cosas que hacer, Oyente. Hágales conocer estos planteos. Y también coméntele al Ojo que no voy a mostrarme ante él. Simplemente trataré con lo Sensible y con la Voz, a través de usted, Oyente.”
//Nada podía decirme el Oyente. Sólo era el medio para los receptores. Sin él no soy nada, y es acá cuando noto que sin el lenguaje, no existo
El ojo se cerró despacio, y la oscuridad se apoderó del cuarto. Un frío extraño, incómodo, recorría la sala. El silencio se apoderaba de todo lo que me rodeaba e incluso de mí mismo.
No soy para nada paranoico, y de alguna manera quedó demostrado cuando, a pesar de estas negativas circunstancias, logré aprovecharlas para un uso personal. En el medio del silencio, cerré mis ojos y te recordé. No puedo memorizar qué venía a mi mente. El llanto se apoderó de mí, ahogando los recuerdos que más necesitaba y sacando a flote aquellos que me ayudarían a soportar una vez más el tan amado dolor.
Voz: “Usted ha olvidado quien es, pecador. No es un Ser, ni tampoco un hermano. Usted le falta el respeto a sus cofrades, malgastando el tiempo de todo aquel paciente que se fuerce a escucharlo”
//COLERA
JD: “BLASFEMIAS. NO POSEE LA INFORMACION CORRECTA O HACE MAL USO DE LA MISMA”
//Tranquilidad
JD: “Disculpe Oyente, usted no es el culpable. Permítame completar una idea. Yo no soy nada sin aquel paciente, sin embargo no fuerzo, bajo ningún concepto, a que me oigan. Soy aquel silencio que va de boca en boca. El silencio del hipócrita. Aquel sin futuro, con el pasado olvidado, pero con el presente eterno. Imposible que me olvide de quién soy, si es mi esencia cotidianamente. Tampoco voy a olvidarme de quién fui, si soy aquel también. Nunca dejaré de extrañar al que no puedo ser (siempre me acompaña en el crecimiento, en el anhelo y en el amado dolor).
Gracias por oírme Oyente, pero yo ya no tengo palabras. Los dejo con mi silencio, quien sabrá escucharlos mejor que yo, y vendrá a mis oídos con la información para comentármela en todo momento. Cuenten con eso, “Cofrades””.
Retirada por la puerta principal. Corrí velozmente hasta el aeropuerto más cercano con esta historia pero ya era demasiado tarde. No te encontré y estabas por los aires, volando junto al tiempo, y me quedé ahogándome entre tanto recuerdo.
//Booleano. Si no vuelves, no sucede nada. Caso contrario, se lee lo siguiente:
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Hay tantas cosas para decirte al oído y con un beso. Son cosas que debía de haber hecho el yo viejo, el joven anciano que permanece en mi memoria. Paradojas! Como la de envejecer con los años nuevos. Decir que una actitud es vieja porque fue pensada cuando se era más joven es irónico. Las ideas nuevas se dan cuando uno es nuevo, y luego se deforman.
El joven, que debió de besarte en un beso infinito, en sólo uno e infinito, se dejó hundir en las aguas sin saber nadar. Hoy, en tu retirada, te espera paciente en el recuerdo, y a veces te ve bajando desnuda, y nadar junto a él entre las aguas, con el silencio acompañándolos y retorciéndose los labios entre nudos con olor a alelíes.
En caso de que vuelvas, el joven será viejo, y el nuevo será otro, con el viejo y el nuevo y el que no puedo ser.
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