Los Rapjakt
Julio 17, 2007 por JonathanSe consolaban con volver tras la puesta del sol a su pequeño hogar, los duendes del bosque perteneciente a la tribu de los Rapjakt. Los Rapjakt eran seres pacíficos y traviesos, que podían manejar las distintas energías bajas de la naturaleza brindada por transiciones hacia la muerte, rayos “nocivos” del sol, materia oscura, etcétera, para conseguir todas las cosas que los duendes deben conseguir, como recuperar el tiempo que se perdió, disfrutar de la luz solar (y reciclar los rayos malditos por el éter, que no es tan perfecto como dicen que es), hacer bromas pesadas, entre otras miles de cosas.
Como ya se ha dicho, los Rapjakt son una tribu pacífica de duendes, pero no son idiotas, y como todo ente no-idiota, tienen un enemigo natural (en este caso: La noche y su Reina Selene).
Los Rapjakt tenían un odio terrible para con la noche, con decirles que todas las mañanas salían de su hogar, para buscar el punto débil de tan imponente oponente. Así corrían de un lado al otro aprovechando las energías, deseando que no oscurezca sin antes haber derrotado a la reina Selene, pero resultaba casi imposible destronar (así sea con la muerte) a una reina físicamente lejana.
No había discusiones entre ellos. Más bien había intercambio de opiniones y bromas pesadas que fortalecían a la cultura singular de una tribu sedentaria de Duendes poderosos. Sin embargo, cuando el sol se ponía, la tristeza en sus caritas denotaba un fracaso insufrible e insostenible. Tal vez era la envidia, o las ganas, de poder iluminar en la noche. O simplemente mero capricho, el hacer y deshacer para destruir lo que no debe de ser destruido.
Una vez uno de ellos propuso odiar a la noche con todo su corazón (o lo que sea que tengan latiendo y bombeando sangre) mientras se encerraban en castillitos de energía, en pequeños grupos, y gimoteaban y lloraban clamando la muerte de Selene; y los demás Rapjakt, quienes eran bastante influenciables, accedían a esas ideas descabelladas y románticas que sólo un Rapjakt puede tomar en serio, y creaban sus castillitos de energía, sin obtener ninguno de los objetivos impuestos.
Jugaban a creer y a crear, pero nada los satisfacía, pobres Duendes Rapjakt, Sedentarios y tristes, que se consolaban con volver tras la puesta del sol a su pequeño hogar, los duendes del bosque perteneciente a la tribu.